Por Domingo Sepúlveda
Según la Real Academia Española (RAE)
La RAE ofrece varias acepciones que van desde lo intelectual hasta lo social:
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Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
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Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
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Cultivo (en su sentido originario, como el "cultivo de la tierra", que luego se trasladó al "cultivo del espíritu").
Según Expertos en el Tema
Para dar profundidad, a este artículo cultural, es útil ver cómo la definen los antropólogos y sociólogos:
Edward B. Tylor (Antropología Clásica)
Fue uno de los primeros en dar una definición científica en 1871. Para él, la cultura es:
"Ese todo complejo que comprende conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras capacidades y hábitos adquiridos por el hombre en tanto que miembro de la sociedad".
Clifford Geertz (Antropología Simbólica)
Geertz revolucionó el concepto al verlo no como una lista de costumbres, sino como un sistema de símbolos:
La cultura es un "tejido de significados" bajo el cual los humanos interpretan sus experiencias y guían sus acciones. Para él, analizar la cultura es como leer un manuscrito extraño y lleno de elipsis.
UNESCO (Perspectiva Institucional)
Aunque no es una persona única, su definición es el estándar moderno global:
"La cultura debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias".
Cultura Según Las Sociedades
En el habla cotidiana, la palabra "cultura" funciona como una etiqueta que agrupa comportamientos, valores y estéticas que nos hacen sentir parte de un grupo o extranjeros en otro. No se trata de cuánto sabe una persona, sino de cómo vive y cómo se relaciona.
1. La cultura como "Software Mental"
Para las personas comunes, la cultura es como un sistema operativo invisible. Es lo que nos dicta:
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La noción del tiempo: Mientras en la cultura europea (especialmente la del norte) la puntualidad es un valor sagrado y rígido, en la cultura latina el tiempo es elástico y prioriza el encuentro social sobre el reloj.
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El espacio personal: Lo que un americano (estadounidense) percibe como una distancia cómoda para hablar, un latino podría percibirlo como frialdad, prefiriendo la cercanía física y el contacto.
2. La percepción de las grandes identidades
Cuando la sociedad etiqueta estas culturas, suele enfocarse en pilares visuales y emocionales:
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Cultura Latina: Se percibe a través del lente de la pasión, la familia y la resiliencia. Se asocia con la calidez en el trato, la importancia de las celebraciones colectivas y una fuerte base religiosa o espiritual.
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Cultura Americana (EE. UU.): Suele percibirse bajo los conceptos de individualismo, pragmatismo y éxito. Es la cultura del "hazlo tú mismo" y de la eficiencia orientada al consumo y al trabajo.
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Cultura Europea: Se percibe como una mezcla de tradición histórica y bienestar social. Para el observador común, Europa representa el respeto por el patrimonio, la sofisticación artística y un equilibrio más pausado entre la vida laboral y la personal.
3. El "Sentido Común" cultural
Para la gente normal, la cultura se manifiesta en tres niveles prácticos:
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Gastronomía: "Somos lo que comemos". La dieta define la geografía emocional de una sociedad.
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Lenguaje y modismos: No es solo el idioma, sino las "frases hechas" que revelan la filosofía de vida de un pueblo.
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Rituales: Desde cómo se celebra un funeral hasta la forma de ver un partido de béisbol en la República Dominicana; estos rituales son el pegamento de la sociedad.
En última instancia, cuando las sociedades dicen "nuestra cultura", en realidad están diciendo "nuestra forma de entender el mundo".
Construyendo el concepto "Cultura"
1. La Cultura como Herramienta de Juicio (Dimensión Intelectual)
Tomando lo mejor de la RAE, debemos entender la cultura como el "cultivo" de nuestra mente. No es acumular datos, sino desarrollar la capacidad de conectar puntos.
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La reflexión: Ser culto no es saber quién escribió qué, sino tener la sensibilidad para entender por qué esa obra importa hoy. Es el "software" que nos permite procesar la realidad con criterio propio.
2. La Cultura como Red de Significados (Dimensión Simbólica)
Haciendo eco de Geertz, debemos ver la cultura como el lente a través del cual interpretamos la vida.
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La reflexión: Cuando vemos el Carnaval Dominicano o una pintura clásica, no solo vemos colores; vemos historias, miedos y esperanzas colectivas. La cultura es el lenguaje invisible que nos permite comunicarnos sin palabras dentro de una sociedad.
3. La Cultura como Organismo Vivo (Dimensión Social)
Desde la cotidianidad, entendemos que la cultura no es una pieza de museo, sino algo que respira y cambia.
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La reflexión: La "cultura latina" o "europea" no son estatuas de sal. Evolucionan con la tecnología, las migraciones y el tiempo. Una cultura que no cambia es una cultura muerta.
Hacia una Síntesis Propia: "La Cultura es el Diálogo"
Si tuviéramos que construir una definición maestra podría ser esta:
"La cultura es el proceso continuo mediante el cual el ser humano transforma su entorno en significado, combinando el conocimiento heredado con la experiencia vivida para dar sentido a su existencia en comunidad."
¿Por qué esta construcción es útil ?
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Es inclusiva: Acepta tanto el arte elevado como la comida callejera .
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Es activa: No es algo que "se tiene", es algo que "se hace" (se transforma).
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Es pedagógica: Encaja perfectamente con el perfil de educador, sociólogo, antropólogo y filósofo, sugiriendo que siempre hay algo nuevo que aprender y decodificar.
La Cultura Dominicana: Entre la Historia y el Estado
La concepción formal de nuestra cultura no es accidental; es el resultado de un proyecto de nación que busca equilibrar nuestras raíces diversas bajo una identidad única.
1. La Visión de los Textos Históricos: El Sincretismo
Los historiadores dominicanos (desde Frank Moya Pons hasta Roberto Cassá) coinciden en que nuestra cultura es, ante todo, un proceso de transculturación. Los textos históricos la definen a través de tres pilares:
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La Herencia Hispánica: Vista como la base de la lengua, la religión y las instituciones jurídicas. Durante mucho tiempo, la historiografía oficial privilegió este vínculo como el "eje civilizador".
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El Legado Africano: Aunque históricamente invisibilizado en los textos escolares antiguos, la historiografía moderna reconoce que la esencia de la cultura dominicana (música, religiosidad popular, gastronomía) es profundamente afrodescendiente.
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El Estrato Taíno: Más que una presencia física, los textos históricos lo rescatan como una presencia etimológica y mitológica. Es el origen de nombres, frutos y el sentimiento de "quisqueyanos".
2. La Concepción desde el Estado Dominicano
Para el Estado, la cultura no es solo un sentimiento, es un derecho y un patrimonio que debe ser gestionado. Esto se manifiesta en dos instrumentos principales:
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La Constitución de la República: En su Artículo 64, el Estado dominicano define la cultura como un derecho fundamental. Establece que el Estado debe salvaguardar el patrimonio histórico y artístico, reconociendo la libertad de expresión creativa.
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La Ley General de Cultura (41-00): Esta ley es el pilar que organiza el sector. Desde la perspectiva estatal, la cultura se concibe como:
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Patrimonio: Lo que debemos proteger (monumentos de la Zona Colonial, folclore).
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Identidad: La promoción de los valores que nos distinguen en el extranjero (el Merengue y la Bachata como Patrimonios de la Humanidad).
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Desarrollo: La cultura como un motor económico (industrias creativas y turismo cultural).
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El "Crisol de Razas" Institucional
Si unimos los textos históricos con la postura del Estado, la cultura dominicana se define formalmente como una Identidad Tripartita. Es la unión de tres mundos que, tras siglos de conflictos y fusiones, dieron lugar a algo totalmente nuevo: Lo Dominicano.
Desde el punto de vista estatal, la cultura dominicana es "una y diversa". Es una, porque nos une la bandera y el idioma; es diversa, porque reconoce que la cultura de un campesino en el Cibao tiene el mismo valor que la de un intelectual en Santo Domingo.
La Cultura Dominicana desde el Marco Legal y el Ministerio de Cultura
La República Dominicana posee una de las estructuras legislativas más robustas de la región en materia cultural. Para el Estado dominicano, la cultura no es un concepto abstracto, sino un derecho ciudadano protegido y una política pública priorizada.
1. El Fundamento Constitucional
El pilar de toda la estructura legal es la Constitución de la República. En su Artículo 64, establece el "Derecho a la Cultura". Este artículo es fundamental porque define tres obligaciones estatales:
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Acceso y participación: El Estado debe garantizar que toda persona pueda participar de la vida cultural y gozar de los beneficios del progreso científico.
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Salvaguarda del Patrimonio: Define como patrimonio cultural de la Nación todos los bienes que constituyen la identidad dominicana, los cuales son inalienables e inembargables.
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Libertad de expresión: Reconoce que la creación artística es libre y que el Estado debe apoyar a los creadores.
2. La Ley General de Cultura (Ley 41-00)
Publicada en el año 2000, esta ley marcó un antes y un después. Fue la que creó formalmente el Ministerio de Cultura (anteriormente Consejo Presidencial de Cultura). La Ley 41-00 define la cultura como "el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, que caracterizan a la sociedad dominicana".
A través de esta ley, el Estado asume el rol de:
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Rectoría: El Ministerio es el único órgano encargado de dirigir y ejecutar la política cultural.
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Descentralización: Promueve que la cultura no se quede solo en Santo Domingo, sino que llegue a todas las provincias a través de los Consejos Provinciales de Cultura.
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Fomento a la industria: Establece que la cultura es también un sector productivo que genera empleos y riqueza, sentando las bases para lo que hoy conocemos como economía naranja.
3. El Ministerio de Cultura como Ente Ejecutor
El Ministerio de Cultura es el brazo operativo que materializa lo que dice la ley. Su misión se divide en varios ejes estratégicos:
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Preservación del Patrimonio: A través de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental, se encarga de proteger la Zona Colonial y otros sitios históricos.
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Formación Artística: Gestiona las escuelas de Bellas Artes, el Conservatorio Nacional de Música y la Escuela Nacional de Artes Escénicas, garantizando la continuidad del talento nacional.
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Difusión y Estímulo: Organiza eventos nacionales como la Feria Internacional del Libro y el Festival Nacional de Teatro, que sirven como vitrina para la producción intelectual y artística del país.
Crítica de Desarrollo Cultural
El Perfil del Mando Cultural: Entre el Botín Político y la Gerencia de Identidad
La gestión cultural en la República Dominicana ha padecido históricamente de un mal crónico: la improvisación. Mientras el Estado dominicano, a través de su Constitución, eleva la cultura a la categoría de derecho fundamental, la práctica política suele reducirla a un espacio de "relleno" en el gabinete o un botín para el pago de deudas partidarias. Para transformar esta realidad, es imperativo transitar del nombramiento por lealtad a la designación por capacidad técnica.
La Profesionalización del Ministerio: Una Urgencia Académica
Uno de los grandes vacíos en nuestro país es la ausencia de una licenciatura específica en Gestión Cultural. Ante esta carencia, el Estado no puede seguir utilizando la "afinidad artística" o el "activismo cultural" como únicos criterios de selección. El barco de la cultura debe ser timoneado por profesionales que, proviniendo de áreas afines como el Derecho, la Economía, la Filosofía o la Administración, hayan cursado especializaciones, postgrados o maestrías en Gestión Cultural y Políticas Públicas.
Un Ministro o Director no solo debe "amar el arte"; debe saber leer un presupuesto, diseñar indicadores de impacto social y comprender los mecanismos internacionales de cooperación. La profesionalización de estos cuadros es el único antídoto contra la burocracia ineficiente.
De Gastos de Deleite a Recursos Estratégicos
La visión política tradicional percibe los espectáculos y eventos culturales como un "gasto de deleite": dinero invertido en tarimas y luces que se apagan al terminar la noche sin dejar rastro. Es urgente un cambio de paradigma hacia la industrialización cultural.
Cuando un gestor profesional dirige, el espectáculo se convierte en un recurso. Se busca la rentabilidad social y económica; se fomenta que la cultura sea una industria capaz de generar empleos, exportar talento y atraer divisas. El objetivo debe ser la "economía naranja": convertir nuestra identidad en un activo que compita en el mercado global, no en una dádiva que dependa de la caridad estatal.
El Cáncer de la Discontinuidad
Quizás el punto más crítico de nuestra cultura política es el abandono de proyectos tras cada cambio de mando o de gobierno. La cultura es un proceso de siembra a largo plazo. La formación de un actor en la Escuela Nacional de Artes Escénicas o de un músico en el Conservatorio no dura un cuatrienio.
La falta de una carrera administrativa cultural permite que, con cada nuevo incumbente, se produzca un "borrón y cuenta nueva". Se cierran departamentos funcionales y se abandonan programas exitosos solo por su origen político. Esto no es solo una falta de ética pública, es un atentado contra el patrimonio nacional. El desarrollo cultural solo es posible si los proyectos se convierten en políticas de Estado y no en caprichos de gobierno.
Propuesta de Mejora
Para alcanzar estándares internacionales, el gobierno debe implementar:
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Concursos públicos de oposición para direcciones departamentales técnicas.
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Programas obligatorios de postgrado en Gestión Cultural para todo el personal de alto mando.
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Blindaje de proyectos estratégicos a través de leyes de continuidad que impidan su desmantelamiento por razones políticas.
El Fenómeno del "Estado Obeso" en la Cultura
La macrocefalia ocurre cuando la "cabeza" del organismo (la administración, las nóminas, los asesores y los despachos) crece tanto que el resto del cuerpo (las provincias, las escuelas de arte, los museos) se queda sin sangre para funcionar.
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Presupuesto devorado por la nómina: En un Ministerio sano, el porcentaje de presupuesto destinado a la ejecución de proyectos debería ser significativo. Sin embargo, cuando se crean múltiples viceministerios y direcciones paralelas para dar cabida a compromisos políticos, el presupuesto se convierte en un fondo de salarios. El resultado es un director que tiene una oficina y secretaria, pero no tiene presupuesto para comprar pintura para su departamento o cuerdas para los violines del Conservatorio.
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Duplicidad de Funciones: La política de nombramientos genera a menudo departamentos que se solapan entre sí. Tenemos direcciones que hacen exactamente lo mismo, fragmentando la autoridad y diluyendo la responsabilidad. Esto no solo es un desperdicio de recursos, sino que crea un laberinto burocrático para el artista o el ciudadano que busca apoyo.
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La Centralización como Síntoma: Una estructura macrocefálica tiende a retener todo el poder y el dinero en la capital. Mientras en Santo Domingo sobran puestos administrativos "de aire acondicionado", en las provincias los centros culturales se caen a pedazos por falta de mantenimiento o de un solo promotor cultural nombrado dignamente.
El Contraste con el Derecho a la Cultura
Si la Constitución dice que la cultura es un derecho, el Estado tiene la obligación de que el dinero llegue al ciudadano. Cuando el Ministerio gasta más en "gestionarse a sí mismo" que en "gestionar la cultura", está incumpliendo su mandato constitucional. Es, en esencia, una malversación de la intención de la Ley 41-00.
La Propuesta de Saneamiento
Sanear este mal no requiere de más leyes, sino de voluntad política y rigor técnico. El Ministerio de Cultura debe pasar por un proceso de reingeniería estructural basado en tres ejes:
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Auditoría de Funciones: Eliminar la duplicidad mediante la fusión de direcciones que comparten objetivos. Menos jefaturas y más técnicos en el terreno.
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Descentralización Real: Redirigir el presupuesto de la "macro-sede" hacia los consejos provinciales y las escuelas regionales de Bellas Artes. El Derecho a la Cultura se ejerce donde vive el ciudadano, no solo en el Distrito Nacional.
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Límites al Gasto Administrativo: Establecer por ley un tope máximo al gasto de nómina administrativa, asegurando que un porcentaje mayoritario del presupuesto se destine exclusivamente a la producción, formación y preservación cultural.
La cultura dominicana no necesita más burócratas; necesita más recursos en manos de sus artistas y gestores. Si no desmantelamos esta estructura elefantiásica, seguiremos teniendo un Ministerio que se mira al ombligo mientras el patrimonio nacional se desmorona por falta de inversión real.
El Abandono Municipal
La macrocefalia del Ministerio no solo se mide en puestos burocráticos, sino en la distancia geográfica entre el presupuesto y el talento. Es una contradicción dolorosa que, mientras el Estado mantiene una estructura pesada en Santo Domingo, miles de niños y adolescentes en los municipios más remotos, con aptitudes excepcionales para la música, la pintura o la danza, vean truncado su futuro por la ausencia de un espacio físico y una guía docente.
El Error de la Centralización Académica
El modelo actual se basa en "Grandes Escuelas Nacionales" ubicadas en el Distrito Nacional. Sin embargo, para un joven de un municipio fronterizo o del interior profundo, la Escuela Nacional de Danza es un mito inalcanzable. No necesitamos que cada municipio tenga una "Escuela Nacional" con un edificio monumental; necesitamos una Dirección General de Formación Municipal que actúe con la misma capilaridad y rigor que el Ministerio de Educación.
La cultura debe dejar de ser un evento fortuito para convertirse en un trayecto formativo. Así como el sistema educativo asegura que un niño curse la primaria y la secundaria en su localidad, el sistema cultural debe garantizar que ese mismo niño pueda desarrollar su talento artístico desde la base hasta alcanzar los estándares profesionales, sin tener que emigrar a la capital de forma prematura.
Una Política de Estado para la Gestión de Espacios
El saneamiento de este mal no solo es administrativo, es logístico. El Estado posee infraestructuras subutilizadas en casi todos los municipios: locales comunales, clubes o espacios de antiguos ingenios. La propuesta es clara:
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Integración Curricular: Una política de Estado que combine la formación artística con la educación formal, utilizando las infraestructuras existentes pero bajo la dirección técnica y profesional de especialistas en arte, no de delegados políticos.
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Gestión de Espacios Municipales: Crear una red de "Núcleos de Formación Artística" en cada municipio. La función de la Dirección General sería proveer los maestros certificados, los instrumentos y los materiales, mientras el gobierno central gestiona y mantiene los espacios físicos adecuados.
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Profesionalización de la Base: Dejar de ver las clases de arte en los municipios como "entretenimiento sano para los niños" y empezar a verlas como la primera etapa de la industrialización del talento dominicano.
Si no llevamos la formación profesional al municipio, estamos condenando al país a una cultura de élite, donde solo quienes tienen la suerte de nacer cerca de la Plaza de la Cultura pueden aspirar a ser los grandes artistas del mañana. El verdadero desarrollo cultural comienza donde termina el asfalto de la capital.
El Cáncer de la Discontinuidad y la Necesidad de una Carrera Administrativa Cultural
El mayor enemigo del desarrollo cultural dominicano no es la falta de talento, ni siquiera la escasez de presupuesto; es la falta de memoria institucional. En la República Dominicana, la gestión cultural se ha convertido en un ciclo de interrupciones permanentes donde cada cambio de mando se interpreta como una licencia para el "borrón y cuenta nueva". Esta práctica no solo es una ineficiencia administrativa, es un sabotaje sistemático a la identidad nacional.
El Proyecto como Rehén de la Política
Es común observar cómo programas que han demostrado su eficacia son desmantelados o dejados morir por inanición presupuestaria simplemente porque llevan el sello de la administración anterior. Este "aniquilamiento de legados" ignora que la cultura no pertenece a un partido o a un ministro, sino al pueblo dominicano. Cuando se abandona un proyecto de formación en artes escénicas o un plan de digitalización educativa, se está robando el futuro a los beneficiarios que ya habían iniciado su trayecto.
El Costo del Reinicio Permanente
Cada vez que una nueva gestión decide "empezar de cero", el país paga el precio. Se desechan investigaciones, se despiden técnicos formados con recursos del Estado y se pierden vínculos internacionales que costó años construir. Esta inestabilidad impide que la cultura se industrialice, ya que ninguna industria puede florecer en un ecosistema donde las reglas del juego y los proyectos cambian cada cuatro años.
La Solución: Carrera Administrativa y Leyes de Blindaje
Para que la cultura deje de ser una víctima de los vaivenes políticos, es urgente implementar dos medidas de saneamiento:
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La Carrera Administrativa Cultural: Los puestos técnicos y de gestión intermedia deben ser protegidos. El personal que conoce los procesos, los directores de escuelas de bellas artes y los conservadores de museos deben permanecer en sus puestos basados en su desempeño, no en su filiación partidaria.
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Blindaje de Proyectos de Estado: Los proyectos estratégicos (como los de formación en municipios que discutimos anteriormente) deben ser declarados de "Interés Nacional" mediante decretos o leyes que obliguen a su continuidad y financiamiento, independientemente de quién ocupe el despacho del Ministerio.
Conclusión de la Serie: La verdadera transformación cultural de la República Dominicana ocurrirá el día en que un ministro llegue a su despacho, no para destruir lo que hizo el anterior, sino para perfeccionarlo. La cultura es una carrera de relevos, no una competencia de egos. Mientras sigamos permitiendo que la política partidaria interrumpa los procesos creativos y educativos, seguiremos siendo un país con un gran potencial, pero sin un destino claro.

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